3 de marzo de 2026

Bastaron tan solo cuatro fechas del Apertura para que el Campeón Uruguayo ingrese en zona de inestabilidad deportiva.

Seis partidos oficiales atrás, Nacional ganaba con justicia las finales más importantes del siglo. Nuestro equipo había ganado el derecho a definir el título más importante de nuestro fútbol, siendo el que más puntos había sumado en la temporada. Y se culminó ganando esa final soñada en nuestra casa y en los últimos minutos, como para ponerle todavía más épica.

Entramos así en un largo festejo (dialéctico y mental) que duró hasta fines de enero, mientras el club intentaba reforzar el plantel en busca de una buena actuación internacional para este año. Fueron llegando jugadores y se comenzó a alimentar aquello de “el mejor plantel del medio”.

Sin embargo, el equipo campeón no era perfecto. Tenía debilidades. La más notoria: poco juego por banda. Otra —y tal vez esté un poco solo en esto—, la contención en el mediocampo. Oliva, uno de los pilares del título, muchas veces se debatía solo ante la superioridad numérica de los rivales, incluido el tradicional adversario. Por eso, en parte, acumuló muchas tarjetas amarillas en este período en el club. Esto solo pudo solucionarse cuando Lucas Rodríguez jugó a su lado. Ahora, la baja de Oliva hace más notoria su ausencia en la contención del mediocampo, y es allí donde, en este último clásico, Peñarol logró supremacía.

A la salida de Oliva ahora le sumamos la de Julián Millán. Una baja que, otra vez en lo personal, creía que estaba muy cerca de concretarse. Fue alentador el ingreso de Agustín Rogel, a pesar del poco fútbol. Pero necesitará tiempo para conocer a sus compañeros, y estos para conocerlo a él.

En ofensiva, el panorama es incierto. Es el lugar del campo donde estamos superpoblados, pero ninguno logra conformar y ser titular indiscutido en base a goles. Nico López, los dos Maxi y Carneiro comparten la última zona, la que debe ser de culminación, pero el equipo carece de creación, tanto por el medio como por las bandas, y si no ponemos a los delanteros en posición favorable, el gol nunca va a llegar.

El año es muy largo y mucha agua correrá. Sin embargo, estos problemas los venimos arrastrando desde hace mucho tiempo. No es hora de —otra vez, en opinión personal— cambios que no sean de trabajo en cancha. No podemos, ante el primer traspié, cambiar todo y volver a empezar. Este cuerpo técnico tuvo un logro histórico y, si bien nada es para siempre, se han ganado la chance de estar al frente del plantel principal.

Si me permito dejar un consejo: los grandes equipos no se han hecho solo de estrellas. Se necesitan obreros para que dos o tres “por encima de la media” se luzcan. De esto sobran ejemplos en el fútbol uruguayo, y hay alguno en nuestra propia historia.

Glen Kwidama

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