EL TALUD
Otros datos historicos: Brasil campeon del mundo en 58/62/70, 94 y 2002. Havelange llego a la prtesidencia de la FIFA en 1974 (le tomo 20 años «sacar campeon a su pais») Los numeros no mienten.
Bielsa gano mas que Michel ?? A ver, revisemos : Titulos locales : Bielsa 4 (2 con NOB, 1 con Velez, uno con el Leeds(ascenso ingles). Michel: 10 (7 con Ajax, 2 con Barcelona, 1 con el Colonia aleman)
titulos internaciones Bielsa: 2 – preolimpico sudamericano y JJ.OO 2004 – Titulos internaciones Michel: 4 – (2 Ajax, 1 Barcelona, 1 seleccion Holanda). Sibre quien cambio el futbol, lo podemos discutir, pero kos numeros no mienten.
Bo, uno que aplauda al Troll que se mandó una cascada de mensajes dando cátedra….y otro que le avise que los jugadores de la selección no entrenan en Villa Teresa….y que no compre todo lo que le venden nuestros estimados periodistas..
Lo de Ache en la Auf es algo impresentable. Que ha logrado?? Los jueces un desastre. Los clásicos cero peso arbitral. Cada vez que vamos al chiquero es una estafa ache aparte de hacer cagadas y no saber absolutamente nada de fútbol. Que hizo por la gestión de la Auf?? Lo de los derechos es toda de Alonso, y diría que es más de la gente que de la dirigencia. Lo de Ache es casi nulo e inexistente aparte por si fuera poco en Combebol cada vez que pueden también nos cagan
Gonzalo Russo en X.
Bielsa no fracasó por querer cambiar la identidad del fútbol uruguayo. Fracasó porque intentó cambiar un paradigma que muchos confunden con identidad.
Y ahí está el verdadero problema.
En Uruguay, muchas veces la garra, la historia y el orgullo del “paisito” funcionan como motor. Nos empujan. Nos dan carácter. Nos hacen competir contra cualquiera.
Pero también pueden transformarse en refugio.
Porque una cosa es tener identidad y otra muy distinta es usarla como excusa para no exigirnos al limite y evolucionar.Eso de “somos tres millones”, «esto es Uruguay » “contra todos”, “a nosotros nadie nos regala nada”, «con el cuchillo entre los dientes» «hay que trancar con la cabeza» pueden ser una fuerza emocional enorme. Sigue..
El fútbol uruguayo quiere crecer, pero muchas veces sin incomodarse. Quiere volver a la cima, pero sin revisar sus hábitos. Quiere competir con los mejores, pero sin abandonar ciertos relatos que lo protegen de mirarse de frente.
Y Bielsa, con todos sus errores, obligó a mirar eso.
Quizá su fracaso no fue solamente futbolístico. Quizá fue cultural. Intentó empujar a Uruguay hacia una versión más moderna, más exigente y menos autocomplaciente de sí mismo, pero chocó contra un ecosistema que todavía siente que cambiar es traicionarse.
Y no lo es.
Evolucionar no es dejar de ser Uruguay. Modernizarse no es perder la garra. Cambiar el paradigma no es borrar la historia.
El verdadero problema es seguir creyendo que la camiseta y su historia, por sí sola, todavía gana partidos.
Porque la garra sin evolución termina siendo nostalgia.
Y la nostalgia no compite.
Solo recuerda.
Bielsa pudo equivocarse en las formas. Seguramente. Pudo gestionar mal sensibilidades, momentos y referentes. Pero el fondo sigue siendo el mismo: intentó instalar una cultura de entrenamiento, exigencia y método que no todos estaban dispuestos a aceptar.
Y ahí aparece otra pregunta incómoda:
¿Queremos competir con la élite mundial o queremos conservar las comodidades de siempre?
Porque no se puede pedir volver a ser protagonista del mundo y, al mismo tiempo, rechazar los costos de entrenar, vivir y competir como la élite mundial.
Pero sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre Bielsa como si los jugadores hubieran sido simples víctimas del proceso.
Porque también allí apareció una parte incómoda del problema: algunos futbolistas no se resistieron solamente a una idea táctica; se resistieron a una forma de exigencia. Se resistieron a la intensidad, la incomodidad, la pérdida de ciertos privilegios, los hábitos modificados y una metodología que no estaba pensada para agradar, sino para llevarlos al límite competitivo.
Y eso también forma parte del paradigma.
Por lo que se hizo público, el conflicto no fue solo por cómo jugaba Uruguay. También fue por cómo se entrenaba, cómo se convivía, cómo se administraban los liderazgos y cuánto estaban dispuestos los jugadores a aceptar una autoridad que no negociaba desde la comodidad.
…Pero cuando esa narrativa reemplaza al método, a la planificación, a la autocrítica y a la modernización, deja de ser virtud y empieza a ser límite.Bielsa tocó esa fibra.
No vino a decirle a Uruguay que dejara de ser Uruguay. Vino a decirle que con la historia sola ya no alcanza. Que con la garra sola ya no alcanza. Que el mundo cambió y que no se puede competir contra estructuras modernas creyendo que todavía vamos a ganar a fuerza de pierna fuerte y miradas recias.Ahí apareció la resistencia.Pero sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre Bielsa como si los jugadores hubieran sido simples víctimas del proceso. Porque también allí apareció una parte incómoda del problema: algunos futbolistas no se resistieron solamente a una idea táctica; se resistieron a una forma de exigencia.
No hablaré de la selección. Me genera un odio inapropiado, sobre todo los dirigentes de la Auf. El plantel discreto. No hay más nada que decir. Quedará esperar que otro bolso como Suárez sea la nueva promesa. Es lo único que nos salva de esta debacle. Los dirigentes son impresentables y los jugadores igual. Pero quiero hablar de Nacional.
Dijo por ahí un forista la imperiosa necesidad de un lateral izquierdo,Me preocupa. Me inspira más confianza ir de vacaciones a Gaza qué cándido como lateral izquierdo, Seguimos sin cubrir puestos básicos. Gran error.


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