Por Daniel Navascués
15 Ene 2020
Historia

Esta intervención de Lavalleja Sarries sacó a Peñarol de las gestiones del pase de aquel gran jugador que paseó en señorío su fútbol por las canchas del mundo.

En la larga historia de transferencias de jugadores de un equipo a otro de nuestro fútbol, en varias oportunidades se han producido hechos por habilidad, oportunismo o intuición de alguno de sus protagonistas, que en determinado momento hicieron realidad una situación que obstaculizaba o impedía el éxito de la gestión.

Tal es el caso que desarrollaremos donde la insistencia de tres protagonistas en no abandonar una misión que le encomendara la directiva de su club, les permitió fructificar con el éxito su trabajo por estar en el lugar justo en el momento oportuno.

Aquella tarde partió de la sede del Club Nacional de Football una delegación integrada por tres directivos con destino a su homónima del Club Rampla Juniors, dispuestos a obtener el pase de un jugador de aquel club de excelentes condiciones futbolísticas.

Su arribo se produjo faltando diez o quince minutos para las dieciséis horas, siendo recibidos por el presidente Dr. Carrere Sapriza y varios directivos.

Interrogados sobre el motivo de su visita, los emisarios parquenses pusieron en conocimiento a aquellos los motivos de su presencia en el lugar.

Los picapiedras respondieron que no podían entablar contactos por esa transferencia en virtud de que el club Peñarol lo había hecho con anterioridad y tenía una prioridad por el mismo que expiraba ese día a las diecisiete horas, y que su presencia allí se debía a que estaban a la espera de dirigentes aurinegros que iban a concurrir para hacer una oferta concreta sobre la transferencia del jugador.

La situación era prácticamente insalvable pues las posibilidades del pase a filas de Peñarol de acuerdo a lo expuesto eran prácticamente un hecho, lo que no los desanimó, y decidieron obstinadamente insistir en la cuestión.

Así fue que argumentando que el tiempo de que disponían los aurinegros para concretar su oferta no era muy extenso, se les permitiera permanecer en la sede social de los de la villa del Cerro a espera de su oportunidad en el caso de quien hubiera un acuerdo, pedido que fue aceptado por Carrere y sus compañeros.

El lugar de espera asignado era una sala no visible a los concurrentes al local, donde había algún escritorio desierto, y en uno de ellos un teléfono.

A poco rato de instalados los delegados parquenses, el solitario teléfono en el escritorio comenzó a sonar, sin que nadie concurriera a atenderlo.

Luego de un rato en que el timbre del teléfono no dejara de sonar uno de los delegados parquenses, el señor Lavalleja Sarries levantó el tubo y manifestó a quien llamaba que estaba en comunicación con la sede del Club Rampla Juniors.

Gran sorpresa se llevó cuando tomó conocimiento de que quien realizaba aquella llamada era un conocido y éxitoso dirigente del Club Peñarol quien le solicitaba que le pusiera en comunicación con el Dr. Carrere Sapriza.

Lavalleja siguió adoptando el rol de funcionario, y respondió que no podía acceder a su pedido.

Quien llamaba insistió en su intención y ante la negativa cerrada del “funcionario” que le insistía en que no podía acceder a su pedido le dijo que avisara al presidente ramplense que por un imprevisto se habían demorado en su viaje hacia el cerro, pero que lo harían en ese momento.

Lavalleja Sarries contestó aquella solicitud de forma terminante:-Señor, debo decirle que no puedo comunicarle nada al señor presidente porque dio la orden de que no se le moleste porque está reunido con los dirigentes de Nacional, ultimando detalles del pase de Jorge Manicera para ese club.

Esta intervención de Lavalleja Sarries sacó a Peñarol de las gestiones del pase de aquel gran jugador que paseó en señorío de su fútbol por las canchas del mundo, deleitando a miles y miles de espectadores luciendo la casaca del club Nacional de fútbol y de la selección uruguaya.

Daniel Navascués Bonino 






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