Por decano.com
12 Feb 2016
columna

En el ’71 era un bebé, pero esos héroes y el “trabajo” de mi padre me hicieron hincha sin tener mucho uso de razón.

Mi primer recuerdo con Nacional es de un par de años después. En el Centenario mi padre me había comprado lo que hoy llamaríamos un “book” de fotos de los grandes campeones del 71. Manga, Artime, Maneiro, el Peta a quien varios años más tarde conocí en Santa Lucía del Este y agradecí por lo que fue para Nacional. Estaban todos, también Juan Martín Mujica, sobre quien había leído sobre su fama de infalible rematador de penales. “Le pegaba con un fierro, les rompía el arco”.

Un día leí o escuché la historia de aquel clásico decisivo por Copa Libertadores en el que a falta de 5’ perdíamos 0-1. Luis Artime lo empata en el minuto 40 y en la última jugada le cometen un penal al argentino. El juez advierte que se rematará la falta y que no habrá rebote. Mujica lo mató de un zurdazo, ganó Nacional.

Durante años imaginé como sería gozar un clásico así y hoy gracias a otro zurdo como el Chino puedo saberlo. Ya no tengo que imaginar como fue aquella noche y unos años después Mujica me dio otro regalo inolvidable: fue el DT del Campeón de América. El primero que vi siendo un niño grande.

El 18 de junio del ´80 los dirigidos por Mujica me dieron el mejor regalo, el que nunca olvidaré. Esa noche, a través de un TV en blanco y negro a válvulas, Nacional derrotaba al último Campeón de América, Olimpia de Paraguay. El gol fue de Dardo Pérez. A la semana siguiente llegaría el inolvidable gol de De la Peña de bolea. Allí estuve y no podía creerlo, Nacional estaba a un paso de ganar la segunda Libertadores. Esa racha inolvidable terminó el 11 de febrero de 1981 con Nacional Campeón del Mundo. “Los leales del ´71” que me habían hecho hincha me daban la mayor satisfacción futbolística de mi infancia.

Mientras escribo esto me llega un recuerdo no tan lejano que tal vez describa a Mujica a la perfección. Cuando a Hugo De León le impidieron dirigir desde dentro de la cancha, Juan Martín ocupaba un lugar importante dentro de AUDEF, la asociación de entrenadores. Mujica no estaba de acuerdo con la decisión de sus pares, pero aceptó las mayorías de su grupo y aún en la no coincidencia fue respetuoso de sus compañeros. 

No tuve la suerte de conocerlo personalmente, de conversar con él. Seguramente lo hubiera disfrutado mucho y hubiera podido darle todo mi agradecimiento. Pero muchos como yo lo habrán hecho. El agradecimiento, el aprecio y el cariño del hincha no le pasó desapercibido porque fue uno de “Los leales del ´71”. 

Alejandro Luzardo

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