Por Juan José Melos
6 Ago 2015
Decano

Reproducimos una nota realizada en el año 2001 a Osvalo Repetto para la revista “Decano” por nuestro colaborador Juan José Melos, donde habla desde Nasazzi hasta Recoba.

Una serie de acontecimientos casuales acompañados de la intervención de Don Dante Iocco y el director de la revista, nos han puesto frente a Don Osvaldo Repetto Scarone, nacido el 17 de setiembre de 1904 en Montevideo. Quizás y sin quizás, estemos ante el decano de los jugadores que vistieron la casaca del Club Nacional de Football en primera división. Y como si esto fuera poco, también ante el decano de los funcionarios de la institución.

En efecto, Don Osvaldo debutó en primera división en 1924, jugando también en el equipo de alternativa que atendió el calendario de competencias locales mientras Nacional llevaba a cabo la gira europea. Recuerda su último partido en 1928, integrando la delantera con Héctor Scarone, Pedro Petrone, Pedro Cea y Zoilo Saldombide. Es hijo de la hermana mayor de Héctor y Carlos Scarone, y es éste último que al acceder a la Gerencia del club en 1921, resuelve incorporar a su sobrino como adscripto, cargo que ocupa hasta 1925. Luciendo una condición física envidiable a sus 97 años, se desplaza con sorprendente agilidad y su lucidez y su memoria superan todo lo imaginable, acompañando sus dichos con simpatía y buen humor. Nos recibió en su casa de La Teja junto a su yerno, Edgar Albertoni, y repasamos junto a ellos hechos de la vida del reporteado y del club.

La función administrativa

Sin duda comprendía múltiples aspectos, había que “repicar y andar en la procesión” y don Osvaldo nos aporta algunos detalles :

Estaba en todos los problemas de Nacional.....en el club se practicaba miércoles y viernes en el Parque Central y el Preparador era Emilio Servetti Mitre quien luego de observar a cada jugador, pasaba un informe a la Gerencia sobre el estado actual de cada uno. La directiva, que se reunía los jueves, con la lista que enviaba Servetti, hacía el cuadro. Al otro día, Carlos llegaba un poquito tarde..... y yo me encargaba de preparar el comunicado para la prensa con los detalles mas salientes de la reunión y la integración del cuadro. El equipo quedaba anotado en un pizarrón y los jugadores eran convocados por nota a presentarse el día del encuentro. También había que distribuir estas comunicaciones domiciliarias, aunque conociendo los puntos donde paraban muchos cracks de la época, la cosa se hacía mas sencilla.”

Finalizado el partido, el equipo locatario debía levantar el formulario y llevarlo al día siguiente a la Asociación. Allí estaban el vasco Zuazú y el Chino Ríos, que eran los que manejaban todo en esa época.”

¿Había preliminares?

La segunda división. Ahora que mencionamos el tema de la integración del equipo, etc.,le voy a contar una anécdota referida a Andrés Mazzali. Atleta, campeón de los 400 metros vallas, integrante dela “máquina blanca” de Olimpia en básket, fue, como Gradín, un deportista completo. Era difícil sacarle el puesto a los que estaban adelante, en una época eran Urdinarán, Scarone, Petrone, Romano, Saldombide, el Manco. Y Mazzali había alternado como delantero. Creo que la responsabilidad de su definitivo pasaje al arco en parte la tuve yo. Nacional jugaba contra Reformers y el golero designado era Savio.

Yo debía repartir las comunicaciones a los once titulares. Varios de ello paraban en el Café y Bar La Cosechera en 18 y Río Branco, donde también lo hacían periodistas como el Dr. Gallardo o Luis V. Semino. Había paro de tranvías y el aviso para Savio me quedó sin entregar. Consulté a mi tío y me dijo que bueno, el pizarrón estaba en el club, los anuncios también salían en la prensa, el jugador venía siendo titular, se iba a enterar.

El día del encuentro, el golero titular no apareció y a alguien se le ocurrió decirle a Mazzali: “Che, Buzo, vos que has jugado varias veces al arco en el Barrio Olímpico, no te animás?”. Andrés aceptó y jugó un notable partido. Ganamos uno a cero y Reformers nos pudo haber goleado de no ser por él.

También debo decir que siempre consideré una injusticia su separación del plantel para el Mundial del 30. El se merecía como pocos haber sido campeón del Mundo. En realidad fue a ver a la novia, que luego sería su esposa. “¿Buzo, no vas a ver a Sofía?”, y el Buzo se escapó. Una pena. Quien lo sustituyó no tenía ni sus méritos ni su capacidad, aunque era un buen arquero.

Los dirigentes

Yo tuve oportunidad de jugar cuando Nacional estaba en la gira por Europa integrando el equipo que quedó en Montevideo. Si Numa Pesquera no pone la firma, creo que muchos no volvían...Esa gira no resultó bien económicamente. Numa era el Presidente y se decía que desde su empresa de Rondeau y Valparaíso partían siempre ese tipo de soluciones.

Bermúdez en cambio era un hombre tremendamente activo, que estaba en todos los detalles, que participaba tanto en la búsqueda de jugadores como en atender todo tipo de problemas. A el se debió la venida de Petrone procedente del Charley, por ejemplo.

El Dr. Delgado era una personalidad. Yo concurría habitualmente a su consultorio en la

Av. 8 de Octubre y Garibaldi, a llevarle notas para firmar u otro tipo de comunicaciones y el lugar siempre estaba lleno de jugadores, esposas e hijos de los mismos. Los atendía a todos. Muchas veces, yo debía esperar, y su suegra me retenía acribillándome a preguntas sobre como estábamos para el domingo, tal era la pasión familiar que despertaba Nacional. También es cierto que ya mayor, intervino el Dr. Delgado como jugador en la famosa Liga Matutina del club.En realidad, atendía una clínica gratuita para la gente del club, era una persona fabulosa.

El Dr. Narancio fue otro gran hombre, sin él, la hazaña de Colombes hubiera sido imposible.

Bermúdez para mi, era algo excepcional. Tenía una barraca en Agraciada y Cerro Largo, frente a donde está el edificio de Ancap. Era acopiador de frutas. Me parece verlo con su saco blanco, efectuando los controles al arribar la mercadería . De los papeles se encargaba su hermano Antonio y por allí llegaba mucha gente de fútbol. A veces caía alguien que le decía : “mirá , hoy llega a la Aduana fulano de tal, un dirigente del fútbol europeo o argentino”, y aunque el tipo viniera por otros motivos, allá arrancaba Bermúdez para la Aduana y le organizaba un homenaje en nombre del fútbol uruguayo....un fenómeno. Cuando Héctor comenzaba con sus cosas, y se ponía remolón para jugar, se le pasaba el informe a Bermúdez y venía la orden : “mandámelo para la barraca” y todo se arreglaba.

Estuvo a punto de traer a Isabelino Gradín a Nacional cuando éste se fue enojado de Peñarol. El Olimpia del Barrio Guruyú lo quería para si porque era de la zona.

Recuerdo haber concurrido al Dispensario del Puerto donde trabajaba el moreno sobre la Rambla 25 de Agosto y haberle entregado en propias manos una carta de Bermúdez.

El socio de Nacional que estaba haciendo las gestiones se quedó en el Banco República sin ir a dormir a la casa porque la cosa estaba brava. El asunto no se concretó porque amenazaba armarse una batahola tremenda.

¿Era muy mimoso Héctor?

Si. Le llamaban como usted sabe “la Borelli”, que era una famosa diva de la época.

Héctor jugaba caminando y parecía avanzar con gran lentitud, caminando, hasta que el adversario se aproximaba y jamás podían sacarle la pelota. Esta ya había partido como por encanto hacia el compañero mejor colocado en profundidad o de lo contrario hacia los extremos. También tenían ese estilo el finado Anselmo en Peñarol o el vasco Cea.

Este último era mas rudo y soportaba el choque, cosa que a Héctor no le gustaba. Sin embargo, jamás fue lesionado por un adversario, era de una extraordinaria habilidad.

¿Son ciertas las anécdotas de Héctor sobre su forma de entrenar?

Héctor había nacido en Arroyo Seco, a dos cuadras de mi casa .Yo vivía en la calle que hoy se llama García Morales, entonces San Eugenio. Allí jugábamos al fútbol. Yo con 13 años me entreveraba con todos esos grandotes porque cuando la pelota iba a dar a un limonero por ejemplo, yo podía entrar a buscarla, a ellos no se las devolvían. El en realidad empezó a jugar en el Sportman, un cuadro que se formó cerca del Café Lito, en Agraciada y Gral. Luna. Donde la calle San Fructuoso hace una especie de martillo, allí había una cancha donde se jugaban cada partidos bárbaros , y se llenaba de gente.

Héctor llega a Nacional por Carlos. Nacional tenía aquel equipo con Demarchi, Castellino y Foglino; Olivieri, Porte y Vanzzino; Brachi, Dacal, Scarone, Romano y Somma. El gallego Dacal era un gran entreala derecho, pero muy díscolo. Como era amateur, cuando quería jugar venía y cuando no quería, no jugaba. Carlos estaba un poco cansado de la situación y le propuso a la Directiva traer un jugador para jugar cuando Dacal no estuviera. Como venía apoyado por el prestigio de Carlos, lo aceptaron. Luego de un comienzo inseguro se afirmó y Dacal no jugó mas en Nacional. Ya al año siguiente estaba definiendo el Sudamericano con Argentina, en el Parque Pereira.

Respecto al entrenamiento, le diré que en el barrio ya lo conocían, Héctor jugaba a pegarle a los palos de los arcos, entrenaba con un arco mas pequeño, etc.

Cuando algún pelotazo no iba al destino adecuado, los gritos de las vecinas siempre comenzaban con un : “ ¡¡Héctor !!....”

Recuerdo que una vez lo azuzaban diciéndole que no era capaz de romper la bomba del alumbrado público, con aquellas columnas de las cuales salía un brazo curvo. Tanto lo desafiaron que “entró”. Puso la pelota a considerable distancia , tiró y chau bombita. Los empleados que vinieron a reponerla eran de la zona y simplemente dijeron : “por aquí estuvo Héctor”.

Desde chico tenía una precisión formidable. Además siempre estuvo con la pelota, todo el día. Se pasaba en el Parque Central. Nunca duró mucho en sus trabajos, amaba el fútbol y en realidad no daba espectáculo para la gente: encontraba su propia satisfacción en el juego.

Su madre había fallecido cuando él era pequeño y el padre recibía los embarques de carne que llegaban del norte a Montevideo. Estaba fuera todo el día y Héctor se pasaba en mi casa, donde Emilia, mi madre y su hermana mayor, lo atendía.

Era también un patinador eximio y nadaba como un pez. La primera pista de patín que tuvo Montevideo estuvo en un tramo de la calle San Fructuoso que no se por que razón estaba asfaltada en esa época. Allí también se destacaba Héctor.

En realidad, la pelota con la que se juega hoy para mi no parece una pelota de fútbol, sino un globo. Va para cualquier lado. Si los jugadores que hoy le pegan con cierta precisión hubieran jugado en aquel tiempo, habrían convertido también muchos goles. Era un balón mucho mas pesado pero se podía dirigir. A veces se mojaba con la lluvia y se le pegaba el barro al cuero. Los corners los tenían que tirar los que tenían mas fuerza porque los otros no la movían ni un metro. Héctor nunca fue de tirar fuerte o con mucha elevación. Prefería buscar el agujero imposible, apuntaba y chau. Recuerdo un clásico en el Parque Central donde faltando unos cinco minutos hace una jugada un metro fuera del área y lo faulean. Rímoli, Granja y creo que Ruotta se ponen en la barrera. Marianito ............muy hincha de Nacional me grita desde el Palco : “¡Repetto!, ¿como la ves?” . Y yo le contesté : “si pasa es gol, Legnazzi no la ve”. Héctor la pasó por el único lugar posible, donde solo alcanzaba para la pelota y fue gol.

¿Nunca erró un penal ?

Que yo sepa no. Como le dije, jugaba para su placer, a los hinchas a veces les ponía los nervios de punta. Pero con su pachorra, engañosa quizás, jugó en todo el mundo. Héctor era el último en terminar de vestirse, en atarse los zapatos y en entrar a la cancha. El Manco se ataba los zapatos con una mano mas rápido que yo con las dos. Eran distintas personalidades.

¿Carlos jugaba diferente?

Si, Carlos era un centre-forward, un tipo que enfilaba para el arco y defínía. Además , tenía al loco Romano al lado y se conocían de memoria. El fue clave para la vuelta de Romano a Nacional. Cuando bajó del barco lo estaban esperando con el Gordo Aguirre y se lo llevaron en un auto a un lugar determinado donde estuvo oculto varios días. En esa época usted quedaba incorporado a un club si se presentaba a un partido con la indumentaria de éste y jugaba por lo menos veinte minutos. Romano pasó del “secuestro” a la cancha y jugó en Nacional hasta su retiro. El lunes se confirmó la incorporación en la Liga y asunto arreglado.

¿Carlos es el inventor de la expresión manyamierda?

Si. Recuerdo un día cuando ejerciendo la gerencia me dijo que estaba por traer un jugador para Nacional, pero que yo lo tuviera informado de todo porque “estos manyas andan por todos lados”. La rivalidad entonces ya era muy grande. Una vez íbamos ganando un clásico con un gol de Mazzali y estaba en la Platea el Dr. Julio María Sosa, Presidente de Peñarol junto a una dama. Recuerdo que éste había sancionado a Gradín impidiéndole jugar. Se le arrima un señor a Sosa y le grita : “Sosa !! si hoy perdemos no salís vivo de aquí”. Por suerte para ellos, Paravís se mandó dos macanas en el arco y nos ganaron.

Cuando retornamos a la sede en 18 y Río Negro, haciendo cruz con el London París, un grupo de personas pasó en un vehículo y nos arrojó unos cuantos tomates y huevos.

Como ves, las barras “de aliento” no son algo nuevo. Era el año 21.

¿Carlos ejerció mucho tiempo la Gerencia?

Hasta 1925. Cuando vino de la gira renunció. A mi me tomó de sorpresa. Recuerdo que Numa me dijo : “mirá Repetto, va a venir una persona para postularse al cargo de Gerente”. En realidad, toda la parte operativa de la Gerencia la hacía yo. Administraba lo que hoy sería el padrón de socios, le entregaba y controlaba luego la cobranza a Gorla (cobrador y ex jugador ) y a los otros cobradores. Recibía la lista de los jugadores que habían concurrido a las prácticas y el dinero de Juan Carlos González, el Tesorero, para abonarles la locomoción. Mientras yo estuve eran verdaderos amateurs, Nacional nunca pagó sueldos. Lo que si es cierto que muchos socios les hacían a los jugadores regalos en dinero o en especie cuando las cosas venían bien. Y a veces no eran pesitos.

¿Qué recuerdos tiene de la sede de 18 de Julio y Río Negro?

Estaba en los altos de la Sombrerería Colón. Recuerdo que tenía un espacio armado en madera que servía para la colocación de los aparatos de boxeo con los que entrenaba Angelito Rodríguez, socio de la institución y famoso campeón uruguayo y sudamericano.

Una vez me trasladé hasta el fondo dela sede y sentí los gritos desesperados de Don

Villizio, el propietario de aquel negocio: Angelito se estaba moviendo y sus golpes hacían temblar de tal manera esa estructura de madera que los sombreros colgados a gran altura en exhibición en el local de abajo se venían al suelo. Otra vez, ante un triunfo clásico, el gordo Aguirre me solicitó la llave del depósito donde se guardaban distintos materiales y los instrumentos de la banda de música. Accedí recordándole que yo era el responsable y allí salieron con bombo, platillos, corneta y todo lo demás a festejar por 18. En algún lugar se armó flor de lío y los instrumentos no volvieron nunca mas. También recuerdo a Gerardo Mattos Rodríguez tocando la pianola en la sede.

¿Sigue siendo socio de Nacional?

Bueno, mire, yo creo que en eso hubo algún tipo de error. Como yo recuerdo, se necesitaban cinco años de suscriptor para pasar a activo y veinticinco años para ser honorario. Recuerdo haber conversado con Rapetti, un Gerente que tenía Nacional para el reconocimiento de mis años. Tengo la insignia de oro del club y la carta que me dio Añón cuando a Vanzzino y a mi nos designaron socios honorarios.

Pero no se que sucedió después, ya que se constituyó en mi casa un cobrador del club, diciéndome que finalmente se había decidido que debía abonar la cuota. Lo pensé y decidí no hacerlo. No por aspectos económicos, sino porque en parte me quitaban ese honor que era figurar en esa categoría. Fíjese que mi hijo cumple el año que viene 50 años de socio. Lo afilié cuando el tenía seis años.

¿Siguió yendo al futbol?

Hasta la década del 50.

Hábleme de Atilio y los jugadores del 40

Atilio era un jugador muy correcto. Si no le daban, tranquilo, pero bravísimo si intentaban golpearlo. El Vasco Cea era igual. Luis Ernesto y Zapirain eran dos punteros distintos pero excepcionales. Bibiano hacía mucho la diagonal y le pegaba con tremenda fuerza. Porta era también un gran jugador.

¿Y qué me dice de Nasazzi?

El Mariscal. Tenía un predominio tremendo sobre los compañeros y los rivales.

Pasados los años usted escuchaba a los jugadores de aquella época y todos decían :

vamos a consultar a José”. No hacían nada sin su aprobación. Y José había uno solo. En Nacional integró una zaga con Domingos Da Guía que era impasable. Yo lo recuerdo desde sus épocas de Bella Vista y aún anteriores, en el Roland Moor. El Indio Arispe salía a romper el avance y José remataba la jugada.

¿Y la Maravilla Negra?

Ah ¡pobre Andrade! Yo lo conocía desde sus tiempos en Bella Vista. Recuerdo haberlo visitado en el Medio Mundo, donde vivía. Una vez que pregunté por él a una señora que me consultó a quien buscaba, esperé y de pronto apareció enfundado en un Robe de Chambre impresionante, era un hombre elegante dentro y fuera de la cancha. Y también un jugador muy limpio, el inventor de la tijera para el quite. Tenía una gran habilidad para despojar al contrario e irse al ataque.

Para un cuadro que tuviera que armar usted , ¿Piendibene o Petrone?

Como se juega hoy al fútbol, Petrone. Sin embargo, en aquella época, para un cuadro de fútbol clásico, hubiera puesto a Piendibene. La venida de Petrone revolucionó la forma de jugar.

¿Ve fútbol actualmente?

Por televisión. Fíjese lo que hablábamos de Zapirain. Siempre hay que ocupar ese sector de la cancha. Regueiro no puede estar nunca ausente . Con su juego distorsiona toda una defensa. El otro día (contra Australia) fabricó un par de jugadas que no fueron gol por falta de fortuna. Es un jugador que puede distorsionar toda una defensa. Y otro que ha progresado mucho es Richard Morales, que no se cuanto mas va a durar por acá.

Definió con gran calidad, de cachetada y contra un palo en el tercer gol y parece que aprendió a cabecear. A mi Héctor me decía que cabeceara con la frente o el parietal, no con el coco, y con los ojos bien abiertos. Y eso que en aquella época había que ponerle la cabeza a esa pelota con tiento. Me acuerdo que jugando contra Bella Vista la zaga rival eran Nasazzi y Canavessi y éste último pateaba como un caballo. Me arrimé buscando primerear en un centro que venía de la derecha y el zaguero despejó antes con violencia.

La pelota me agarró en el aire, parecía que el palco giraba alrededor mio. El olor a cuero en la cara me duró tres días. Somma levantaba los centros casi de sobrepique y ponerle la cabeza era peligroso. Marán en cambio los tiraba llovidos.

Volviendo a los de ahora, creo que Recoba no puede hacer todo solo. Se desgasta tremendamente, lleva y tiene que definir. Con los dos morenos al lado fue otra cosa.

Deben acompañarlo porque si no vamos a malograr un gran jugador que me parece no ha tenido mucho con quien jugar. Mi yerno fue dirigente de Cerro y yo les comentaba a él y a mi nieto en la época que Regueiro empezaba en el club que ese jugador podía llegar a ser importante.

¿Y qué me dice de Osvaldo Repetto jugador?

Bueno, yo salto al primero directamente desde la Liga Matutina que era el lugar donde competían internamente los socios de Nacional. Recuerdo haber debutado como puntero derecho. También me desempeñé en otros puestos de la delantera. Eso fue en 1924.

Mi primer match internacional lo disputé en 1923, cuando Newell’s Old Boys viajó a Montevideo para jugar con Nacional con motivo de reinaugurar las instalaciones destruidas por un incendio. Actué en el preliminar de juveniles, y conservo la medalla que me otorgaron por participar en ese encuentro que terminó 3 a 3. Continué actuando alternadamente hasta 1928. Realmente era muy difícil poder hacerse de la titularidad.

Había grandes jugadores que ocupaban puestos en la delantera, muchos ya se los he mencionado.

Foto: Gentileza de  Federico Viana.  Osvaldo Repetto es el primero de los agachados.






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