Por Recibimos y publicamos
5 Set 2013
Fabregat

El paso del tiempo y las decenas de idas al fútbol me hicieron conocer personajes increíbles.

Cosa que le pasa a cualquiera que sea asiduo concurrente al fútbol uruguayo. Quienes son hinchas de cuadros chicos viven situaciones más insólitas, ya que la cercanía de la cancha hace que siempre haya parciales destacados con gritos que levantan la carcajada del resto de sus compañeros plateístas gracias a algún improperio a un futbolista rival.
 

En Nacional, que promedia cerca de 15 mil o 20 mil personas por partido, la situación es distinta. Sin embargo, si uno repite sector va a ver que hay caras, muchas caras, que empiezan a familiarizarnos. En el Parque con las butacas y los abonos uno hace vecindad, y en cada comienzo de temporada uno se aboca a descubrir los cambios si es que hay, y en las dos o tres primeras fechas a ver si uno salió favorecido o perjudicado en la modificación.
 

Entre esas reuniones tuve el gusto de conocer, por eventos particulares y privados, a viejas glorias del club. Gente que jugó, ganó cosas y el paso del tiempo los lleva al peor lugar que puede tener alguien que fue figura: el ostracismo.
 

Ex futbolistas que asisten a asados y reuniones para recordar sus épocas y que los hinchas le den cariño y reconocimiento. Gente que templa sus historias, sus anécdotas, como si fueran ayer, a pesar de que pasaron años, y en el caso de torneos continentales, por lo menos 25.
 

Y ahí entra a tallar algo que como sociedad tenemos los uruguayos: la falta de memoria. El ejemplo de cómo se fueron las tres glorias vivas al fin de la última temporada es un ejemplo claro. El paso del tiempo y la imposibilidad de rendir como antaño hace que casi siempre las figuras se vayan por la puerta de atrás.
 

Algunos dirán “no queda más remedio”, “son las reglas del juego” o “el fútbol es un deporte ingrato”, pero vaya que un mínimo gesto les vuelve a templar el espíritu.

El homenaje que se le hiciera antes del partido inaugural del Apertura a Héctor “Ciengramos” Rodríguez fue una maravilla, y de seguro, la vida de ese histórico goleador cambió para siempre gracias al aplauso sentido y auténtico de la multitud que copaba el Parque.

Muchos de los que aplaudieron seguramente no supieran quien fuera. Al menos el trabajo de Decano ayudó para entrevistarlo días antes, en un buen momento, y que repasara cómo debutó en un clásico haciendo tres goles. (N. de R.: Recordarán que el último en hacerlo tras casi treinta años después de Artime fue el Grillo Biscayzacú, y a los tres meses le dieron salida.)
 

Hay que aplaudir e incentivar estos homenajes. Salvo a Alcides Edgardo Ghiggia, último sobreviviente de la gesta de Maracaná, que recibe pleitesía y distinciones más que merecidas a diario, ha de haber en nuestra rica historia, decenas de hombres que ven llegar el final de su vida esperando la última caricia a su ego. El último reconocimiento al haber dado todo. Hacia ahí también hay que apuntar.
 



Pablo Fabregat


Pablo Fabregat

Es egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Católica. Es periodista, productor e incursiona en la actuación a través de su personaje “Tío Aldo.” En la actualidad forma parte de los programas “Segunda Pelota” y “Abrepalabra” en Océano FM y “Sonríe te estamos grabando” en Teledoce.





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