Por Rodrigo Goldaracena
24 Nov 2021
Lloradera

El tradicional rival ha instalado, en las últimas semanas, una realidad paralela sobre árbitros y reglamentos sin argumento ninguno.

Luego del empate 2-2 ante Cerro Largo, varios dirigentes y jugadores del tradicional rival acusaron a árbitros y funcionarios de la Asociación Uruguaya de Fútbol de tener incidencia en sus partidos.

Esta vez el principal apuntado fue Daniel Fedorzcuk (sí, el mismo que les regaló la final de 2018), quien no perjudicó en lo absoluto al CAP en este encuentro. Es más, no anuló, por ejemplo, el primer gol aurinegro después de que un jugador obstruyera la visión del arquero. “Ahora se quejan de un árbitro que no habían proscripto”, expresó con razón Alejandro Balbi.

Es tan preocupante que esas declaraciones vengan del propio presidente del club, como del capitán del equipo. Walter Gargano, ya en vestuario, gritó ante las cámaras de Tenfield: “sigan haciendo mandados que lo vamos a ganar igual, manga de ladrones”. Recordemos cuando sancionaron con ¡3 partidos! a Matías Coccaro por protestar en aquella tarde del “VAR casero” que benefició, de forma insólita, al tradicional rival. Si allí se aplicó esa dura pena, a Gargano le deberían dar, como mínimo, cinco partidos.

A estos hechos se les suma los botellazos a los jugadores de Cerro Largo, principalmente al arquero Alexander Domínguez. Parece que un empujón aislado a un boletero tiene más gravedad que agredir a futbolistas en cancha lanzando objetos contundentes. En este caso, como en el anterior, la dualidad de criterio es enorme y vergonzosa. 

Esta “lloradera continua”, como dijo José Decurnex en su momento, no viene de ahora, sino desde que asumió su actual presidente, quien ante el mínimo problema deportivo acude a atacar a jueces sin ningún sentido, además de generar violencia en las redes sociales. Sabiendo que Nacional es el Bicampeón del fútbol uruguayo, desde el arranque del campeonato hay una clara intención de instaurar el mito de que son perjudicados y que son ellos “contra todos”.

Resultan raras estas acusaciones cuando es el mismo CAP quien cambió las fechas, horarios, canchas y hasta eligió ¡qué jueces les arbitrarán! Ahora, para colmo, amenazan con suspender un partido que ellos mismos modificaron.

Si algo está claro es que, si no se pone un límite a esta manija de declaraciones de gente que maneja un club, el clima puede volverse aún peor y desatar agresiones con un final triste y lamentable.

Rodrigo Goldaracena





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