Por decano.com
13 Set 2017
clasico
Hinchada

Elegimos estar, alentar.

Pocos pudimos ir al Saroldi. Algunos más pero no todos, pudimos verlo. Otros ni escucharlo por radio como en los viejos tiempos. Todos estamos calientes por los últimos resultados, pero estamos en la lucha y la chance está intacta.

Pero no todos estamos templados para el momento. Quienes no lo están, ¿saben acaso que en el fútbol existe la posibilidad de perder? ¿De empatar? El fútbol es un juego de oposición, no es una competencia individual por mejorar una marca.

Quines no están templados, ¿dónde estaban entre 1993 y 1997? Los más veteranos, ¿dónde estaban en los tiempos del goleador de la dictadura? Ganar un Uruguayo no es fácil como creen hoy los más jóvenes. Para nada. Es difícil, muy difícil. En estos casi 20 años de triunfos constantes y derrotas ocasionales, no se nos han dado siempre. Ni a Nacional ni a los demás. Porque es fútbol. Porque es un deporte. Porque ganar, empatar o perder son todas las posibilidades.

En el último clásico del ’97 nos quedamos unos miles en la Ámsterdam. Esa noche fuimos a que nos “gastaran” antes, durante y tal vez, -como ocurrió-, después. Sin embargo estuvimos y fuimos los últimos en irnos del Centenario. Los que estuvimos esa noche estamos blindados. Cuanto más fea es, más se alienta. Cuanto más tratan de hacerte entrar, más sale a relucir nuestra historia inigualable. Esa que tiene respuesta a cada momento, a cada batalla perdida.

Imagínense que tranquilos estamos todos los que estuvimos aquella noche del ‘97. Además, venimos de campeonatos tras campeonatos, de clásicos tras clásicos. Les hemos ganado de todas las formas habidas y por haber. Llegando bien. Llegando mal. Llegando más o menos. Lo sabemos, y ellos también. Y les pesa.

Para buscar motivación no hay que irse muy lejos. Recordemos cual fue el último clásico que perdimos. Caímos, feo, y pudo haber sido histórica la derrota. Sin embargo aquel día dimos otra demostración de amor a la camiseta por encima de un resultado. La foto que ilustra esta nota es de ese día. El partido ya estaba perdido. El campeonato también. Sin embargo estuvimos encendidos y al clásico siguiente tuvimos la recompensa cuando les ganamos de atrás en una remontada histórica hecha íntegramente en los descuentos. ¿Qué nos demuestra esto? Simple. Que cuanto más difícil es la mano, más hay que estar. Para ayudar a sacar a nuestro equipo adelante y para que la próxima victoria sea más grande y disfrutable.

Nosotros elegimos estar, elegimos alentar. Las piedras que las pongan otros.

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