Por decano.com
12 Mar 2015
Debut

Nacional tiene algo para festejar o recordar todos los días del año, pero el 12 de marzo es una fecha signada por un doble suceso.

Ese día de 1938 se produce el debut clásico de Atilio García y obtiene, de formada anticipada, el Campeonato Nocturno Rioplatense.

El Campeonato Nocturno Rioplatense no fue un torneo más entre los muchos que afrontamos. Ésta competencia enfrentaba a los mejores equipos del Río de la Plata, rincón del mundo que, para ese entonces, aún podía vanagloriarse de contar con el mejor fútbol del mundo.

El primero de estos torneos se disputó –en régimen de todos contra todos y con partidos de ida y vuelta- entre enero y marzo de 1936 entre los dos grandes del fútbol uruguayo, los “5 grandes” del fútbol argentino –Boca Juniors, River Plate, Independiente, Racing, San Lorenzo e Independiente y los dos equipos más poderosos de la liga rosarina, Rosario Central y Newell´s Old Boys. La primera edición del “Nocturno” fue ganada por Independiente de Avellaneda.

En la segunda edición, la correspondiente a 1938, Nacional habría de inscribir su nombre “con letras de oro” como se decía antiguamente, al proclamarse campeón de forma anticipada, cuando aún restaban dos fechas por disputarse. Como si esto fuera poco, se corona campeón tras ganar el partido clásico por 2 goles a 1, tantos convertidos por Atilio García en el que fuera su debut ante el tradicional rival.

El partido se jugó en el estadio Centenario ante sesenta mil espectadores y fue arbitrado por M. Aphesteguy.

Nacional formó con: García; Morales y Cabrera; Mario Rodríguez, Faccio y Lirio Fernández; Porta, Arispe, A. García, Hernández y De León.

Por Peñarol lo hicieron: Loayza, Clulow y Mascheroni; Aiscorbi, Palermo y Raúl Rodríguez; Taboada, Mata, Tellechea, Pedro Lago y R. Orsi.

Nacional, fiel a su historia, ganó el partido “de atrás”. Había convertido para Peñarol Tellechea a los 16 minutos y posteriormente, a los 25 y 37 del segundo tiempo, “Junín” dejó su sello, el primero ante el clásico rival, que lo sufrió durante una década.

Al decir del historiador tricolor Washington Nion: “Desde su primer partido Atilio García fue un verdugo implacable de Peñarol. No hubo intervención quirúrgica, enfermedad, lesión, lechuzas o sortilegios que impidieran su presencia. Para el peñarolista fue una verdadera obsesión, la inevitable pesadilla de la noche anterior al partido. En la más larga paternidad que haya impuesto un jugador sobre un club hay dos hechos que merecen ser destacados. El primero es que nunca les hizo un gol de penal y el segundo es que pocas veces tuvo ante sí los mismos rivales. Peñarol cambiaba un notable triángulo final –no había mediocres en aquella época- por otro aún de mayor jerarquía. Todo era inútil. Todos fueron vencidos. A todos les dijo “aquí estoy”, y vaya si estuvo”.

Ernesto Flores

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